Entrada destacada

Taller para electos sobre cómo hacer encargos de gestión eficaces en los gobiernos locales

Los nuevos equipos de gobierno se enfrentan al reto de  cómo relacionarse con los niveles directivos y técnicos  de las organizaciones de un...

Mostrando entradas con la etiqueta CExDiP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CExDiP. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de octubre de 2015

Lanzamiento del Programa de Mentoring del CExDiP


Las personas que tienen la responsabilidad de dirigir organizaciones o departamentos en la Administración pública se encuentran en numerosas ocasiones con situaciones, crisis o retos que les hacen preguntarse qué haría otra persona en su lugar, pero desgraciadamente pocas ocasiones tienen la oportunidad de obtener respuesta a esta pregunta.

Las particularidades de la Administración pública también hacen difícil el intercambio de opiniones o buenas prácticas en materia de dirección.

Desde el Comité de Excelencia para la Dirección Pública creemos que ha llegado el momento de poner en marcha un programa de mentoring de los directivos públicos, en el que los profesionales de la dirección pública tengamos acceso sencillo y confidencial a otro profesional más experimentado que responda a esa pregunta (o a otras) y que a través de un diálogo nos ilustre con sus experiencias y oriente nuestro estilo de dirección y desempeño hacia estilos más eficaces y motivadores.

¿Quiénes son los mentores?

Los mentores del programa son los miembros del CExDiP voluntarios y sin retribución alguna, que ponen su experiencia y conocimiento experto al servicio del plan DIRECTIA para el impulso de la dirección pública.

Precio

El precio del programa de mentoring va desde 250 euros hasta 1.000 euros por un año, en función del acuerdo entre las partes. Los miembros del CExDiP, el Club de Directivos Públicos y los Directivos Públicos Profesionales Certificados obtendrán un descuento sobre estas cantidades.

La fundación destinará todos los ingresos de este programa de mentoring al impulso y desarrollo del Plan DIRECTIA.

¿Qué hay que hacer para participar?

El proceso de incorporación al programa de mentoring comienza con una autoevaluación 360 de liderazgo y con la propuesta de un mentor de entre los miembros del CExDiP que se hayan presentado voluntarios y que se adecue a las necesidades de la persona que denominamos Telémaco.

La relación entre Mentores y Telémacos se establece en un acuerdo por escrito avalado por la fundación y se desarrolla según lo que las partes acuerden, o bien en sesiones periódicas que pactarán llevarán a cabo un plan de trabajo personalizado que permita mejorar las habilidades y competencias de liderazgo o bien mediante consultas y charlas puntuales.

La distancia de este programa no es un obstáculo porque la fundación para los compromisos de calidad ofrece su plataforma tecnológica para facilitar el intercambio de documentos, chat, etc.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Entrevista a Rodrigo Martín, Coordinador del CExDiP sobre la certificación DPP

Entrevista a Rodrigo Martín Castaño sobre la propuesta de certificación de DPP de la Fundación y la AEC

En esta entrevista se presentan los elementos clave de la propuesta de certificación de directivos públicos que está impulsando esta fundación (fcC) a través del Comité de Excelencia para la Dirección Pública (CExDiP) y el Centro de Certificación de Personas (CERPER) de la Asociación Española para la Calidad (AEC).

miércoles, 11 de abril de 2012

Hacia la mejora del sistema institucional, desde la dirección pública profesional

Hoy nadie se extraña al escuchar que nuestro sistema institucional se enfrenta al reto de acometer una reforma de calado. Tras la fuerte descentralización impulsada en las últimas décadas, la incorporación de las tecnologías de la información y las comunicaciones, la intensa integración en el marco europeo, pero especialmente tras el enorme impacto de la crisis económica de nuestros días, muchos señalan que ahora se trata de avanzar decididamente hacia un cambio de modelo en el que la apertura y la flexibilidad – accesibilidad, open data, transparencia…-, la gobernanza – mirada y coordinación multinivel, corresponsabilidad institucional en la definición y prestación de servicios…- pero muy concretamente la gerenciación, o mejor la profesionalización – acreditación de conocimientos y experiencia, compromiso con objetivos y resultados, evaluación del desempeño… - de la dirección pública, sean los nuevos valores dominantes.
Y es que entre la situación actual, a medias entre el modelo burocrático del siglo XIX y el que permite la interoperabilidad y exige la globalización del XXI, el éxito del tránsito pasa en buena parte por un cambio en la definición y la estructura del liderazgo público y más concretamente en el nivel de la dirección pública.
Y ello porque ese nivel – en el que, en la inmensa mayoría de las instituciones y los territorios confluyen  hoy las funciones de los altos cargos, los altos funcionarios y el personal eventual - cada día posibilita a los Gobiernos el desarrollo e implementación de sus políticas y la prestación de los servicios públicos y es decisivo para garantizar la calidad de unos y de otras.
Especialmente en unos momentos en los que es muy evidente la necesidad de fortalecer los principios de eficacia y eficiencia la sociedad civil se ha de plantear seriamente la idea de promover la excelencia en el sistema de selección, formación, desempeño y retribución del nivel directivo de las organizaciones públicas, hacia el desarrollo de la dirección pública profesional.
Los directivos públicos han de convertirse cuanto antes en “creadores de valor público”, lo que implica una actuación profesional en tres esferas interrelacionadas: la gestión estratégica, la gestión del entorno político y la gestión operativa. Tan solo la experiencia y el conocimiento en uno o incluso en dos de esos espacios no garantiza una dirección excelente o, dicho de un modo mucho más contundente, la carencia de uno solo de esos espacios asegura la incompetencia de la dirección.
Hoy el debate no es si los directivos públicos deben ser o no funcionarios – que en muchas ocasiones, per se, cuentan con conocimientos y experiencia en una o en dos de las esferas mencionadas - sino cómo dotar a las administraciones públicas de los directivos adecuados para su buen funcionamiento. No se trata pues de un pulso entre funcionarios y políticos – que también suelen aportar en una o dos de las esferas citadas -, pero no se puede obviar la reflexión sobre los diferentes roles que deben tener uno u otro colectivos, que tradicionalmente han venido ejerciendo – y ejercen -  la función directiva en las administraciones públicas.
Por ello, la provisión de esos puestos debería compatibilizar el ejercicio de la potestad discrecional del nombramiento con la necesaria profesionalidad y capacitación técnica y directiva, dándole motivación a los nombramientos y dotándoles de la seriedad y la racionalidad de toda actuación administrativa.
Hacer posible una convivencia fructífera entre lo político y lo profesional, que dé prestigio social a nuestros gobiernos y a nuestras administraciones públicas, depende ahora del impulso institucionalizador necesario en desarrollo del Estatuto Básico del Empleado Público. La sociedad civil y las Organizaciones sectoriales representativas (Federación Española de Municipios y Provincias, Instituto Nacional de Administración Pública y Asociaciones, Comités, etc. de Directivos) han de participar en el debate y en la construcción de espacios e instrumentos que permitan consolidar avances significativos en este terreno.
Porque, a medio plazo, escalonadamente, en el futuro todo profesional que aspire a desempeñar un puesto de dirección pública debería obtener una acreditación – habilitación, etc. -  para ese ejercicio, constatando la formación y experiencia exigible en, al menos - por ejemplo, tomando una de las esferas que nos ocupan - dirección de equipos, evaluación, presupuesto y gestión económico-financiera, procedimiento administrativo, régimen de subvenciones, contratación pública, administración electrónica, relaciones interadministrativas, comunicación, recursos humanos y función pública, participación, etc. Es evidente que además, los directivos públicos profesionales deben dominar un importante conjunto de disciplinas relacionadas con los diversos ámbitos de carácter sectorial a fin de disponer de una visión poliédrica que le permita detectar estratégicamente las necesidades existentes y armonizarlas con la acción de gobierno.
El esquema que ha de implantarse permitiría que los directivos públicos profesionales, con un fuerte y claro componente ético - de acuerdo a los valores de integridad, honestidad, objetividad e imparcialidad - rindan cuentas a los Gobernantes y estos a su vez rindan cuentas a la ciudadanía.
Finalmente, hay que señalar que el ciclo directivo y el ciclo político no son completamente coincidentes, de forma que su continuidad o no debería vincularse cada vez menos a la “confianza” y se debería articular cada vez más a través de mecanismos más objetivos como la evaluación del desempeño o el cumplimiento de los objetivos marcados a partir de la existencia de proyectos, programas, etc.
Una dirección pública profesional en el conjunto institucional, en fin, como ha venido siendo en otros países, sería el catalizador de un cambio estructural a mejor en los terrenos de la eficacia y la eficiencia públicas – menos malas prácticas, errores, deficiencias… mejor planificación, coordinación, resultados… - pero también en el de la credibilidad de todo el sistema, definiendo bien los espacios político y de gestión y dejando claros los respectivos sistemas de rendición de cuentas a la sociedad.
Antonio Alemany, Enrique Martínez, Alfonso Delso, Jose Antonio Latorre, Rodrigo Martin y Fernando Monar forman parte del Comité para la Excelencia de la Dirección Pública de la fundación para los Compromisos de Calidad y han tenido o tienen responsabilidades de dirección pública en algunos o en varios de los tres niveles territoriales: AGE, CCAA y gobiernos locales.

Hacia la mejora del sistema institucional, desde la dirección pública profesional

Hoy nadie se extraña al escuchar que nuestro sistema institucional se enfrenta al reto de acometer una reforma de calado. Tras la fuerte descentralización impulsada en las últimas décadas, la incorporación de las tecnologías de la información y las comunicaciones, la intensa integración en el marco europeo, pero especialmente tras el enorme impacto de la crisis económica de nuestros días, muchos señalan que ahora se trata de avanzar decididamente hacia un cambio de modelo en el que la apertura y la flexibilidad – accesibilidad, open data, transparencia…-, la gobernanza – mirada y coordinación multinivel, corresponsabilidad institucional en la definición y prestación de servicios…- pero muy concretamente la gerenciación, o mejor la profesionalización – acreditación de conocimientos y experiencia, compromiso con objetivos y resultados, evaluación del desempeño… - de la dirección pública, sean los nuevos valores dominantes.
Y es que entre la situación actual, a medias entre el modelo burocrático del siglo XIX y el que permite la interoperabilidad y exige la globalización del XXI, el éxito del tránsito pasa en buena parte por un cambio en la definición y la estructura del liderazgo público y más concretamente en el nivel de la dirección pública.
Y ello porque ese nivel – en el que, en la inmensa mayoría de las instituciones y los territorios confluyen  hoy las funciones de los altos cargos, los altos funcionarios y el personal eventual - cada día posibilita a los Gobiernos el desarrollo e implementación de sus políticas y la prestación de los servicios públicos y es decisivo para garantizar la calidad de unos y de otras.
Especialmente en unos momentos en los que es muy evidente la necesidad de fortalecer los principios de eficacia y eficiencia la sociedad civil se ha de plantear seriamente la idea de promover la excelencia en el sistema de selección, formación, desempeño y retribución del nivel directivo de las organizaciones públicas, hacia el desarrollo de la dirección pública profesional.
Los directivos públicos han de convertirse cuanto antes en “creadores de valor público”, lo que implica una actuación profesional en tres esferas interrelacionadas: la gestión estratégica, la gestión del entorno político y la gestión operativa. Tan solo la experiencia y el conocimiento en uno o incluso en dos de esos espacios no garantiza una dirección excelente o, dicho de un modo mucho más contundente, la carencia de uno solo de esos espacios asegura la incompetencia de la dirección.
Hoy el debate no es si los directivos públicos deben ser o no funcionarios – que en muchas ocasiones, per se, cuentan con conocimientos y experiencia en una o en dos de las esferas mencionadas - sino cómo dotar a las administraciones públicas de los directivos adecuados para su buen funcionamiento. No se trata pues de un pulso entre funcionarios y políticos – que también suelen aportar en una o dos de las esferas citadas -, pero no se puede obviar la reflexión sobre los diferentes roles que deben tener uno u otro colectivos, que tradicionalmente han venido ejerciendo – y ejercen -  la función directiva en las administraciones públicas.
Por ello, la provisión de esos puestos debería compatibilizar el ejercicio de la potestad discrecional del nombramiento con la necesaria profesionalidad y capacitación técnica y directiva, dándole motivación a los nombramientos y dotándoles de la seriedad y la racionalidad de toda actuación administrativa.
Hacer posible una convivencia fructífera entre lo político y lo profesional, que dé prestigio social a nuestros gobiernos y a nuestras administraciones públicas, depende ahora del impulso institucionalizador necesario en desarrollo del Estatuto Básico del Empleado Público. La sociedad civil y las Organizaciones sectoriales representativas (Federación Española de Municipios y Provincias, Instituto Nacional de Administración Pública y Asociaciones, Comités, etc. de Directivos) han de participar en el debate y en la construcción de espacios e instrumentos que permitan consolidar avances significativos en este terreno.
Porque, a medio plazo, escalonadamente, en el futuro todo profesional que aspire a desempeñar un puesto de dirección pública debería obtener una acreditación – habilitación, etc. -  para ese ejercicio, constatando la formación y experiencia exigible en, al menos - por ejemplo, tomando una de las esferas que nos ocupan - dirección de equipos, evaluación, presupuesto y gestión económico-financiera, procedimiento administrativo, régimen de subvenciones, contratación pública, administración electrónica, relaciones interadministrativas, comunicación, recursos humanos y función pública, participación, etc. Es evidente que además, los directivos públicos profesionales deben dominar un importante conjunto de disciplinas relacionadas con los diversos ámbitos de carácter sectorial a fin de disponer de una visión poliédrica que le permita detectar estratégicamente las necesidades existentes y armonizarlas con la acción de gobierno.
El esquema que ha de implantarse permitiría que los directivos públicos profesionales, con un fuerte y claro componente ético - de acuerdo a los valores de integridad, honestidad, objetividad e imparcialidad - rindan cuentas a los Gobernantes y estos a su vez rindan cuentas a la ciudadanía.
Finalmente, hay que señalar que el ciclo directivo y el ciclo político no son completamente coincidentes, de forma que su continuidad o no debería vincularse cada vez menos a la “confianza” y se debería articular cada vez más a través de mecanismos más objetivos como la evaluación del desempeño o el cumplimiento de los objetivos marcados a partir de la existencia de proyectos, programas, etc.
Una dirección pública profesional en el conjunto institucional, en fin, como ha venido siendo en otros países, sería el catalizador de un cambio estructural a mejor en los terrenos de la eficacia y la eficiencia públicas – menos malas prácticas, errores, deficiencias… mejor planificación, coordinación, resultados… - pero también en el de la credibilidad de todo el sistema, definiendo bien los espacios político y de gestión y dejando claros los respectivos sistemas de rendición de cuentas a la sociedad.
Antonio Alemany, Enrique Martínez, Alfonso Delso, Jose Antonio Latorre, Rodrigo Martin y Fernando Monar forman parte del Comité para la Excelencia de la Dirección Pública de la fundación para los Compromisos de Calidad (www.ifqa.org) y han tenido o tienen responsabilidades de dirección pública en algunos o en varios de los tres niveles territoriales: AGE, CCAA y gobiernos locales.

jueves, 5 de abril de 2012

Mas de 100 firmas para la dirección pública profesional

Directivos de toda España ya han respaldado la petición que está impulsando nuestro Comité para la Excelencia de la Dirección Pública, superando en pocas semanas las 100 firmas que nos habíamos propuesto. Mantendremos unos dias mas en Actuable la recogida y luego nos pondremos en contacto con todos los firmantes para la fase de presentación, en la que queremos contar también con el mayor número posible de personas.

miércoles, 4 de abril de 2012

El pasado día 12 de septiembre se constituyó el Comité de Excelencia para la Dirección Pública Profesional de IFQA

Hoy nadie se extraña al escuchar que nuestro sistema institucional se enfrenta al reto de acometer una reforma de calado. Tras la fuerte descentralización impulsada en las últimas décadas, la incorporación de las tecnologías de la información y las comunicaciones, la intensa globalización en el marco europeo y el impacto de la crisis económica de nuestros días, muchos señalan que ahora se trata de avanzar hacia la apertura, la gerenciación y la gobernanza.
Desde el punto de vista de la Fundación para los Compromisos de Calidad, el éxito de ese tránsito, pasa en buena parte por un cambio en la definición y la estructura del liderazgo público y más concretamente en el nivel de la dirección pública. Contribuir a la profundización del debate y la aceleración de los cambios en ese nivel, uno de los considerados clave en los gobiernos y las Administraciones Públicas, es la tarea que nos hemos propuesto para los próximos meses.
Y ello porque entendemos que ese nivel es decisivo para garantizar la calidad de los servicios que se prestan y de las políticas que se diseñan y desarrollan, especialmente en unos momentos en los que es muy evidente la necesidad de fortalecer los principios de eficacia y eficiencia. Creemos que la sociedad civil ha de participar en la reflexión y en la construcción de espacios e instrumentos que permitan consolidar avances significativos en este terreno a medio plazo.
La Fundación para los Compromisos de Calidad se manifiesta a favor de promover la idea de la Excelencia en el sistema de formación, selección, desempeño y retribución del nivel directivo de las organizaciones públicas, hacia el desarrollo de la dirección pública profesional y por ello constituye un Comité para la Excelencia en la Dirección Pública integrado por miembros relevantes de los diferentes estratos de las instituciones públicas españolas. Su dedicación a este proyecto, como el de cualquiera de las personas que habitualmente colaboran con esta fundación, es de carácter voluntario y no retribuido.
Todos los integrantes actuales pertenecen a cuerpos de titulados superiores o, son o han sido, directivos de una larguísima experiencia, o expertos en dirección pública. La gran mayoría son funcionarios. Pertenecen a siete territorios distintos: Madrid, País Vasco, La Rioja, Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia e Islas Baleares. Están representados todos los niveles de gobierno: estatal, autonómico, provincial y local. La gran mayoría están vinculados al mundo de la gestión – Calidad, etc – o al de las TICs. Algunos no están ahora en la función pública. Y todos comparten este posicionamiento inicial, que ahora se está desarrollando y ampliando.

martes, 3 de abril de 2012

Redactado el manifiesto de Ideas Fuerza

El Comité de excelencia de la dirección pública profesional, en aras de impulsar acciones para que las instituciones de los diferentes niveles territoriales se decidan a desarrollar el Estatuto Básico del Empleado Público en lo relativo a implementar la figura de la Dirección Pública Profesional, redactó y realizó un debate público que culminó con la publicación el pasado 18 de diciembre de “Ideas Fuerza del Comité de Excelencia de la Dirección Pública”. Este documento pretende ser un manifiesto a favor de la excelencia en ese nivel clave de las Administraciones Públicas y cuyo texto íntegro está disponible en este enlace: https://sites.google.com/site/direccionpublicaprofesional/ En el momento de la publicación se comenzó un proceso de búsqueda de apoyos, mediante la adhesión de al menos 100, directivos - ex directivos y pre-directivos incluidos - para posteriormente hacerlas llegar al mas alto nivel de decisión de las instituciones. Se espera que los apoyos sean lo mas plural posible desde el punto de vista territorial, institucional, etc. Por eso te pido que leas el documento y si suscribes su contenido y además quieres sumarte al proceso para lograr la institucionalización de la Dirección Pública Profesional envíes un correo electrónico a fundacioncompromisoscalidad@gmail.com indicando tu puesto y el tipo de administración al que perteneces.