martes, 3 de abril de 2012

Porqué la acreditación de directivos públicos

La acreditación de directivos públicos es uno de los mecanismos que garantizarán que se pongan a la cabeza de las administraciones públicas a personas capaces (porque han hecho harán o por que tienen harán) y que lideren el cambio y los retos actuales y futuros. Esta acreditación es uno de los elementos clave del desarrollo de la Dirección Pública Profesional.

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Desde hace unos meses se ha intensificado el debate en torno a la profesionalización de la administración pública, sesgado por mensajes de ajuste y control del gasto público que se lanzan desde toda la opinión pública.

Si bien existe un consenso más o menos general sobre este particular: “la necesidad de ajustes” hay también un disenso generalizado sobre “como llevarlo a cabo”. Es en este punto donde cobra importancia la profesionalización de un cierto sector de la administración: los Directivos Públicos. Si entendemos que las soluciones no son sencillas (si lo fueran ya nos las habrían contado y sin duda estarían siendo aplicadas), necesitamos especialistas en la cosa pública, que son los que, una vez que los políticos responsables definan los objetivos, pongan negro sobre blanco cómo lograr los objetivos.

En el sector privado, cuando el propietario de una empresa tiene un problema de contabilidad llama a un contable, cuando un ciudadano quiere construir una casa llama a un arquitecto, sin embargo cuando se trata de gestionar los recursos públicos no parece haber nadie bueno. Atribuimos a los gestores públicos ya sean políticos o funcionarios una suerte de incompetencia genética a la que nos resignamos. Estamos demasiado acostumbrados a escuchar muchas noticias malas sobre este aspecto.

Pues me gustaría informar que la norma es justo lo contrario, la mayor parte de los gestores públicos son honestos y profesionales. Si no fuese así quedaría muy poco de este país, porque ya se lo habrían llevado calentito. Sin embargo tenemos hospitales, carreteras y servicios públicos de una calidad equiparable a los países más avanzados del mundo. Por supuesto que hay malos gestores y la justicia y las urnas (si no nos resignamos a etiquetar a todos igual) se encargarán de ellos para que no sigan gestionando.

Pues bien, en gestión pública también hay personas que tienen las competencias necesarias para “ajustar” la administración a la nueva realidad y a la vez garantizar que la administración continúe sirviendo al interés general. Evitando ajustes traumáticos, lineales y por ello injustos que afectan por igual a los buenos gestores y a los malos.

Me dirán ustedes ¿Dónde están? Pues entre nosotros, dentro o fuera de la administración, tienen que ser identificados para aprovechar todo su talento. Hay que separar la paja del grano, por lo necesitamos un sistema que acredite aquellos profesionales que tengan las habilidades, conocimientos y competencias para liderar a la administración pública en los retos actuales y futuros. Esto no es algo nuevo, todos los países más avanzados del mundo cuentan con un cuerpo de administradores profesionales que sirven a la ciudadanía de acuerdo con sus respectivas constituciones.

La acreditación para el ejercicio no es un instrumento nuevo en España, numerosas profesiones cuentan con ellos (calidad, industria, etc…) la acreditación de los Directivos Públicos se debe realizar en base a unos criterios objetivos como es la formación directiva y de gestión (para la que contamos con un buen número de escuelas de negocios y de administración pública de primer nivel) y unos criterios basados en la experiencia demostrada de la persona en tareas de gestión.

La acreditación tiene que ser homologable en todo el territorio español para sea cual sea la administración que lo utilice, la acreditación obtenida por las personas sea válida, aunque no garantizará en ningún caso el acceso a ningún puesto

Es necesario mientras este proceso tiene lugar que se realice un esfuerzo de comunicación para explicar en que consiste, he ahí el objetivo básico de este post.

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