miércoles, 4 de marzo de 2015

Las ocho competencias básicas del gobernante

FERNANDO MONAR y RODRIGO MARTÍN (publicado en Zoom News el 4/3/2015)

Debiéramos acabar con el tópico de que la política ha de ser un ejercicio al que se puede llegar sin ningún bagaje previo, en consecuencia escasamente retribuido y por ello poco atractivo para los mejor cualificados.

Ese conjunto tan diverso que normalmente se denomina "la clase política" y que a nosotros nos gusta denominar "personas dedicadas a la función política" (PFP), está, como todos sabemos, en sus horas más bajas, vilipendiada y criticada por todos los actores sociales. Y desde luego por los ciudadanos, como corroboran las encuestas del CIS. Sin duda, son muchos los factores que han generado esta situación. Tal vez los más relevantes sean los casos de corrupción que afectan a una pequeña, pero muy visible, zona de la esfera política que desembocan en los tribunales de justicia, y los muy evidentes de malas prácticas de gestión, vinculados a errores varios.

Esas malas prácticas de gestión y muchas otras que no acaban en imputaciones ni condenas, pero sí en derroche e ineficiencias con un alto impacto económico y social se producen por una falta de capacidades y competencias concretas.

Es necesario precisar bien que cuando nos referimos a gobernantes no incluimos a los dirigentes de los partidos, ni a los electos, sino a la parte de ese colectivo PFP que asume responsabilidades directas de gobierno. No nos referiremos, pues, a nuestros representantes partidarios o parlamentarios, sino a los que están en contacto en primer o segundo nivel con los órganos de gestión de las Administraciones, esto es, a quienes en ocasiones se encuentran al frente, desde la política, de organizaciones de miles o decenas de miles de empleados y presupuestos de decenas (o cientos) de millones de euros. Dicho de otra manera, nos referimos a quienes deben garantizar el funcionamiento de nuestra economía, seguridad, salud, educación, movilidad, etc.

Y, por acabar de precisar, no nos referiremos tampoco a su formación académica si tiene esta o aquella licenciatura, conocimiento de idiomas clave en determinados casos, o a su experiencia laboral en el terreno público o no, porque de eso ya se ha escrito con contundencia, sino a la auctoritas, al saber hacer, a la capacidad moral, de esas personas.

Si, como dictan los expertos en la materia, entendemos por competencias los conocimientos no necesariamente la titulación, como hemos indicado y las habilidades que una persona dispone para el desempeño de un determinado puesto o tarea, se trataría de contestar a la pregunta: ¿qué debe saber hacer ese perfil de político para realizar sus funciones decisorias sirviendo al interés general y cumpliendo los objetivos del gobierno al que pertenece o le supervisa? Debemos acordar, de entrada, que ese, el suyo, no parece un trabajo sencillo. De hecho, en la práctica, exige una enorme dedicación y sacrificio personal.

Vamos a relacionar y describir entonces aquí las ocho capacidades básicas las complementarias compondrían una lista demasiado larga para este artículo de un gobernante.

Qué debe saber hacer un buen gestor público

1. A nuestro entender, en estos tiempos, un político debería saber ser ejemplar en su comportamiento público qué hace en relación con lo que es común, las necesidades que analiza, las propuestas que formula y los programas y proyectos que supervisa y en el comportamiento particular qué hace con lo que es privado, sus relaciones familiares, sus obligaciones civiles, la gestión de su patrimonio...pero
pueda tener efectos públicos, en unos momentos en los que el escrutinio es cada vez más implacable. Debe conocer, así, los posicionamientos y las infraestructuras de integridad más avanzados.

2. En cualquier momento, el político debe tener una extraordinaria capacidad de comprensión e integración del entorno en el sistema de toma de decisiones, identificando bien los problemas comunes, anticipándose a ellos en la medida de lo posible, y contribuyendo a formular las políticas internas y externas que movilizan a la organización e impactan en la ciudadanía, y usando las modernas fórmulas de participación ciudadana presencial y tecnológica. Debe, entonces, saber escuchar, analizar críticamente y conocer las posibilidades que ofrecen las tecnologías de la información para la gestión relacional con los grupos sociales.

3. Tiene que disponer de visión estratégica una mirada a medio y largo plazo y capacidad de gobernar desde una posición multinivel que se pueda adaptar al entorno cambiante, creando coaliciones de interesados administraciones, organizaciones no gubernamentales y el sector privado, las organizaciones y los gobiernos internacionales, para lograr metas comunes al estilo de la gobernanza. Debe conocer, pues, los mapas de competencias e incumbencias de las entidades públicas y privadas que concurren en su ámbito competencial y estar dispuesto a actualizarlos y dinamizarlos para alcanzar esas metas comunes.

4. Es necesario que sean líderes organizacionales pero especialmente del ámbito de decisión que les ocupa, tomando la iniciativa en respuesta a las nuevas realidades y demandas de la sociedad. Debe estar dispuesto, pues, a considerar la organización que gobierna como parte de un todo mucho mayor que en ocasiones es más influyente y generador de impactos de todo tipo, esperados y no esperados que la propia institución.

5. El político necesita formular bien los objetivos y las prioridades de acuerdo al programa de gobierno, la misión de la organización y los datos de contexto, alineando las metas organizacionales y las expectativas de los ciudadanos, diseñar políticas públicas, consistentes y sostenibles, impulsar su evaluación y rendir cuentas. Debe poder transformar acabar de dar operatividad y temporalidad al programa electoral, adaptar en su caso, la parte correspondiente, al programa de gobierno y ponerlo en relación con el diseño de las políticas públicas y, con las herramientas de participación y evaluación, poder determinar avances o errores y rendir cuentas ante la sociedad en el sentido ancho de la accountability.

6. La capacidad de comunicar de forma efectiva, hacia los empleados, ciudadanos y otros grupos de interés, debe ser una habilidad consustancial al político, y hoy, además, la de gestionar con transparencia. Debe conocer las posibilidades que brindan los instrumentos, las estrategias y las técnicas de comunicación personal, grupal y de masas, y los de las nuevas políticas de transparencia, porque cada día más la ciudadanía reclama más información, de más calidad, mejor proporcionada y accesible.

7. El gobernante está llamado a impulsar la innovación y traer nuevas ideas y soluciones a la administración pública, por lo que debe tener predisposición, entre otras cosas, a aprender de forma continua. Debe generar espacios para la generación de nuevas ideas en su organización y en su ámbito competencial e impulsar decididamente el aprendizaje a lo largo de toda la vida laboral, también para las PFP.

8. Los gobernantes, en uso de esas anteriores capacidades, podrán seleccionar y dirigir equipos profesionales, creadores de valor público, implementando o profundización, según el caso, la dirección pública profesional. Deberá integrar y empoderar personas con suficiente trayectoria en gestión pública, alta formación y conocimiento experto de la materia, con acreditación competencial suficiente.

Con Directivos Públicos Profesionales con habilidades certificadas y gobernantes con las competencias descritas, que engranan perfectamente como en el símil de baile que utiliza el profesor Carles Ramió en su libro "La extraña pareja" la maquinaria del Estado, con un renovado liderazgo público profesional y político, a la par debe funcionar realmente como necesitamos.

En fin, estas líneas están inspiradas por el desempeño real de muchas PFP nada original, pues que
deberían servir de ejemplo para el resto de sus colegas, con la intención de contribuir a poner en cuestión el tópico ampliamente extendido de que la política ha de ser un ejercicio al que se puede llegar sin ningún bagaje previo, en consecuencia escasamente retribuido y por ello poco atractivo para los mejor cualificados.

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